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Dentro de esta hermosa experiencia psicodélica llamada política argentina, hay algo particularmente fascinante: la crisis de identidad del peronismo. Porque después de décadas dominando la política nacional, después de reinventarse más veces que Mirtha Legrand y después de ser derrotados por Milei el peronismo enfrenta una pregunta existencial. ¿Quién tiene la capacidad de ganarle a Milei? ¿El gobernador de la provincia más rica pero a su vez más pobre del país? ¿El hijo de dos ex presidentes que nunca laburó? ¿Un pseudo pastor evangélico que piensa que Minnesota es la capital de Tucumán? Y acá aparece algo insólito. Porque mientras los dirigentes tradicionales siguen hablando como si estuvieran en 2007, hay tres personajes que, sin querer queriendo, parecen representar mejor el lenguaje político de una nueva generación peronista. Pepe Rosemblat. Tomás Rebord. Y el Momo Gerónimo Benavides.
